Putas asesinas

roberto bolaño

El último atardecer de Roberto Bolaño

 

Hace tiempo, un amigo de México D.F. me confesó que la violencia está presente  en la propia condición latinoamericana. Hasta el ser más inofensivo es en esencia rabiosamente violento, por no hablar de los artistas, dónde puede haber más violencia que en la propia idea de arte, que en la propia literatura. Roberto Bolaño es un artista violento, que en los noventa escribió: «de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte cuando murió Salvador Allende». Así es como comienza El Ojo Silva, el primer relato de Putas Asesinas. Violencia que vemos en este libro y en toda la obra de Roberto Bolaño, en el sentido más vitalista del propio término. Estas son sus palabras, las mejores palabras para definir a Bolaño y a una generación rabiosa que aún recuerda el disparo que terminó no sólo con Salvador Allende en 1973, sino quizás con el propio paradigma de la modernidad.

Hasta Bolaño, la literatura hispanoamericana vivía de los ecos y las consecuencias del Boom, la obra del chileno hizo que el mundo se diera cuenta de las nuevas voces que clamaban no tanto ser reconocidas como ser escuchadas. A la cabeza de esta nueva corriente estaba el propio Roberto, con un estilo urgente y una fuerte estética beatnik que le acompañaría hasta el final de su literatura. Es innegable que los “detectives salvajes”, Arturo Belano y Ulises Lima, nos recuerden a Sal Paradise y a Dean Moriarty de On the road de Jack Kerouac. Esta semejanza en ética y estética no la vemos sólo en la novela Los Detectives Salvajes, sino que cada relato de Putas Asesinas es una road movie cargada de la fuerza que conlleva la belleza del fracaso.

Roberto Bolaño escribía sobre personas corrientes a las que les sucedían cosas poco corrientes, quizás ahí es donde reside su genialidad. Cuando leemos los relatos que componen Putas Asesinas nos damos cuenta de que hemos sufrido la misma búsqueda que los personajes. Quizás no hayamos rescatado a ningún chico castrado en la India o hayamos estado a punto de ser asesinados en Acapulco,  pero como animales humanos que somos capaces o jugamos a ser capaces de reconocer nuestro reflejo, sufrimos los mismos temores que los personajes.

Bolaño, como otros grandes cuentistas, (Hemingway, Cortázar, Carver) dice más en lo que oculta que en lo que escribe. La técnica del iceberg de la que hablaba Hemingway, tan presente en Putas asesinas. Bolaño sabe cómo emocionar al lector, hasta el punto de que en ocasiones, la sensación que provoca no es nada agradable. Sabe provocar ansiedad, introduciendo en el tejido narrativo la desgracia inminente que parece no llegar nunca (Últimos atardeceres en la tierra) y que finalmente simplemente sucede. Tras éste camuflaje vemos los verdaderos temas de la obra: lo absurdo (Fotos), el delirio de la muerte y el feminismo radical (Putas asesinas), la exaltación de la propia literatura (Carnet de baile y Vagabundo en Francia y Bélgica) así como la empatía emocional hacia la desgracia (El Ojo Silva). El libro está lleno de alusiones autobiográficas del propio Bolaño, de ahí su carácter cosmopolita que nos lleva de México D.F. a Acapulco, París o Barcelona.

La literatura de Bolaño rebosa de momentos y alusiones a la cultura Pop, como también vemos en Ricardo Piglia, Rodrigo Fresán y en menor medida Enrique Vila-Matas, todos escritores enormes y amigos del chileno. Fresán escribió sobre él en una ocasión: «Bolaño escribía desde la última frontera y al borde del abismo. Sólo así se entiende una prosa tan activa y cinética y, al mismo tiempo, tan observadora y reflexiva. Sólo así se comprende su necesidad impostergable de ser persona y personaje. »

Bolaño huyó del Chile fascista hacia El Salvador y luego a México, y de México llegó a Europa. Putas Asesinas habla de muchas cosas pero sobre todo habla del exilio. Peor aún, habla del exilio propio y el exilio de los otros, lo que nos lleva al cauce transversal de todo el volumen de relatos: el desarraigo, los parias. No son esos latinoamericanos hedonistas como los de mediados del siglo pasado, que llegan a Europa buscando la bohemia, la exaltación de La Dolce Vita; ni se trata únicamente del exilio, sino del sentimiento de no pertenecer a ningún lugar. Y no es únicamente físico, también espiritual. Bolaño logra captar el clima anímico de su época, una época marcada por la demolición  de las utopías y la pérdida de sentido de proyectos comunes.

Putas Asesinas es ante todo un gran relato, compuesto por trece escenas en las que cada una se parece vagamente a la anterior pero que no deja de completarla. Aun así la totalidad del libro perdería coherencia si faltase alguno de ellos. Es un escritor que es fiel a sus temores y obsesiones como vemos en el conjunto de su obra (relatos y novelas). Aunque este libro no es tan novedoso formalmente como el anterior: Llamadas telefónicas, no deja de calar en la memoria del lector y se hace uno de los indispensables para entender y disfrutar de la literatura contemporánea. 

Salvador J. Tamayo

Escritor. Adicto a los videojuegos shooters y las guitarras de los años 60. Escucho discos de punk y he publicado los libros: "Salitre" y "Wassalon".