Jaguar y cafeína
no doubt_salvador j tamayo

California 1986.  Unos chicos acaban de cumplir veinte y forman una banda de Rock. En el noventa y dos graban su primer disco (No Doubt) pero hasta el noventa y cinco no es cuando el mundo corea Don’t Speak (Magic Kingdom). Todo el mundo aprendió ingles, las radios enloquecieron y el pelo naranja y las chaquetas deportivas azul eléctrico eran el nuevo uniforme de batalla. En mil novecientos noventa y cinco yo tenía ocho años. Me gustaban Michael Jordan, Scottie Pippen y Denis Rodman. El Canal Plus retransmitía los partidos de madrugada y un amigo de mi padre los grababa en cinta y a veces los veía. «¿Sabes quién ha ganado?». Jamás me estropeó ninguno pero siempre esperaba que fueran los Chicago Bulls o quizás los Toronto Raptors. Siempre me han gustado los dinosaurios. Un imbécil que acababa de llegar de Galicia cuyos padres podían permitirse comprarle zapatillas Nike Air, y que jugaba bastante mejor que yo, iba a clase de gimnasia con la camiseta de los Lakers y los pantalones de los Bulls. En ese momento me di cuenta de que el mundo se estaba yendo a la mierda. La posmodernidad más vergonzosa la llevaba ese idiota puesta. No todo vale. Puede respirarse la envidia de estas palabras a través de la pantalla.   

Pasó de encestar en el equipo del colegio a fichar por el local y de ahí incluso a la liga regional, si es que alguna vez existió tal liga, hasta que una lesión en el tobillo izquierdo truncó su sueño de jugar en el equipo universitario de Carolina del Norte y de ahí pasar a los Mets o los Clippers. Fue una lástima tremenda. De Cádiz a Los Ángeles hay un pequeño paso, un pequeño paso de más de nueve mil cuatrocientos setenta y dos quilómetros. Igualdad de oportunidades. Puedes ser lo que desees, lo que sueñes, hijo, Claro que sí papá, de mayor voy a jugar en los Mets.

Lo terrible de aprender idiomas es darte cuenta de que en otras lenguas las canciones también tienen una letra de mierda. Aprendí inglés escuchando a los Beatles y a los Beach Boys. Ambas bandas tienen letras escritas por un chimpancé con el cerebro desenchufado. Dadá lo llamarán algunos. Por supuesto, enorme talento, no hay duda.

«¿Qué discos de los Beatles te gustan más, los primeros o los segundos?» / «Los primeros» / «…» / «¿Por qué preguntas eso?» / «A tu edad a mí también me gustaban los primeros.»

Hacerte mayor es preferir Sgt. Pepper frente a Rubber Soul. Que le den a Rubber Soul y que arda Sgt. Pepper. ¿Hacerte mayor es también preferir una Gibson Flying V frente a las Telecaster o Rickebackers?

En el videoclip de Don’t Speak Tom Dumont una Gibson Explorer aunque hubiera deseado que fuera una Flying V. No Doubt también apareció tocando Spiderwebs en Dawson Creek’s, una de las pocas series que veía de adolescente junto con Felicity que no sucede en California. Hace veinticinco años de su álbum debut. En Sunset Boulevard, en Los Ángeles, me he comprado mi próxima guitarra. Toco fatal, pero me encantan. No éramos guapos pero teníamos la música.

Denis Rodman conoce mejor que nadie a dos personas de personalidades tremendamente similares:  Carmen Electra y Kim Jong-U. Al líder supremo de Corea del Norte le encantan los videoclips de la MTV tanto o más que a Bin Laden jugar a Super Mario Bross según los últimos informes desclasificados por la CIA. Aún no tengo claro si la intención fue ridiculizar o humanizar al terrorista.

No tengo nada en contra de Denis Rodman porque no me consta que haya hablado nunca mal de mí. Denis Rodman come carne. Morrisey no come carne. Yo no como carne. Morrisey no actúa en festivales de música donde sirvan carne. Morrisey cree que Juan Carlos I debería estar en la cárcel por asesinar a un elefante en Botsuana. Coincido con Morrisey y añadiría algunos cargos más. Borbón y De las dos Sicilias. Borbón como Luís XVI con el final que tendrían que tener todos los reyes. Morrisey no tiene sexo. No come carne y no tiene sexo y la primera vez que actuaron en televisión fue en el programa Top of the Pops. Tocarón la canción The Charming Men y Johnny Marr la compuso en una noche ex profeso para una de las sesiones de John Peel. Enojado por la obligación de la cadena a hacer playback Morrisey agarró un ramo de gladiolos rojos del escenario y los agitó con la camisa abierta. Morrisey no come carne y agita un ramo de gladiolos como el que dispara con una kalashnikov. No, no fue deliberado y no, no es un homenaje a Oscar Wilde. La Rickenbacker que tocó Johnny Marr en el videoclip oficial de la canción es la misma que aparece en la portada del primer single de Oasis, Supersonic. Los hermanos Gallagher son unos caballeros.

Johnny Marr modificó el selector de pastillas de su Fender Jaguar. Quitó el juego de tres switch y colocó un selector horizontal, bonito, práctico. Terrible. Tiene su propio modelo oficial producido en serie en la fábrica de Corona, en California e incluso las nuevas Jaguar incluyen esa modificación de serie junto a algunas más. Para encontrar el modelo antiguo hay que conformarse con las fabricadas en México o buscar alguna de segunda mano. Japonesa de los 90 o algún modelo de los 60 para después cambiarle el puente. John Frusciante tenía una Jaguar blanca del 66 que terminó en manos de Emily Kokal (Warpaint). Emily sí le cambió el puente.

Lo primero que le voy a hacer a mi Jaguar es cambiarle el puente, repito como un mantra. Lo primero que le voy a hacer a mi Jaguar es cambiarle el puente. El que trae de serie es una mierda, es un sonajero, se salen las cuerdas de las selletas y se desafióna muchísimo. Hay que cambiarle el puente, o colocarle un Buzz Stop, o un puente de Mustang. Lo primero que le voy a hacer a mi Jaguar es cambiarle el puente y pensar que Morrisey no quiere tener sexo y en su ramo de gladiolo rojos y en que en el mismo escenario, ocho años más tarde, Nirvana destrozaba el equipo y Kurt Cobain reía a carcajadas imitando el acento británico burlándose de todo, burlándose y celebrando, porque hay que celebrar. Tenemos que celebrarnos. Voy a cambiarle el puente y a pensar en Morrisey y a tocar This charming Man.

 

/Sácame esta noche. Quiero ir donde está la música, y la gente, donde están los chicos y se está vivo. Estoy conduciendo y no quiero volver a casa nunca más. Por favor, no me lleves a casa. No es mi casa. Ya no es más mi casa. No me reciben más allí. Quiero ver la gente y las luces y brindar y celebrarnos. No me lleves a casa porque no tengo casa. Si un autobús de dos plantas se estrellase contra nosotros. Morir a tu lado es la manera más dulce de morir. Si un camión de diez toneladas chocase contra nosotros. Morir a tu lado es el mayor privilegio. No tengo mejor deseo.  No me lleves a casa esta noche, llévame donde están las luces y los jóvenes y la risa y la música./

 

Salvador J. Tamayo

Escritor. Adicto a los videojuegos shooters y las guitarras de los años 60. Escucho discos de punk y he publicado los libros: "Salitre" y "Wassalon".