Fier / Fiero
Bill Murray_ Federico Trillo

Artículo aparecido en el número 3 de la revista Mala Sombra: Revista de Claroscuros: https://issuu.com/malasombra/docs/locura/1

 

I. Howl

 

Cuando se busca venganza hay que cavar dos tumbas: una para el enemigo y otra para uno mismo. Dos tumbas, una para ella y otra para él. El lugar del sepulcro es secreto, temen que les amputen algunos dientes o las garras. No hubo venganza, sólo demencia y alguna decisión precipitada. Los enterraron esa misma noche, sus cuerpos de más de ciento cincuenta quilos aún estaban calientes. Una pareja de leones cayó abatida por disparos en el zoo de Santiago de Chile el veinticinco de mayo del dieciséis, cuando un joven quiso suicidarse al saltar en el interior de su jaula. Llevaban veinte años viviendo en el lugar. La leona, “La Flaca” fue rescatada en estado de desnutrición de un circo ambulante, siempre según la nota de BBC Europa. ¿Quién es el demente? De las siguientes opciones, sólo una es la correcta:

a) La pareja de leones.

b) El chico suicida con cuadro clínico de esquizofrenia y paranoia religiosa.

c) El personal de seguridad del zoológico que disparó contra los animales.

d) Bill Murray.


 

II. Cora Simons de Duburque, Iowa

 

En los años cincuenta, en los Estados Unidos, la casa editorial Bonanza Publishing, editaba una revista erótica llamada The Girl Watcher, su dirección de contacto, acorde con los créditos, era: P.O. Box 215, Malibu, California. En aquellos años, en España había que ir a Perpignan para ver alguna película con desnudos. Hasta el setenta y siete, con Adolfo Suárez, el cine no se quitó el sujetador. La californiana tenía una sección llamada Letters to Girl Watcher, donde publicaban algunas cartas que, según la revista, seleccionaban entre miles. Todas ellas las enviaban mujeres jóvenes. Mujeres, siempre mujeres, aunque dudo enormemente que alguna comprara alguna vez esa revista y aún menos que enviaran alguna carta. Tenían nombres como Virginia Normal (New Jersey), Julie Pascal (New Orleans) y Armond Brockhurst (Staten Island). En el número de junio del cincuenta y nueve, apareció una carta de Cora Simons, de Duburque, Iowa. La realidad es caprichosa, la ficción aún más. Imaginemos por un momento que Cora Simons, de Duburque, Iowa, en realidad es la chica con pelo largo y negro, que usa barra de labios rosa y sombra de ojos verdes, que dice ser y no un señor de cincuenta y cuatro años, noventa y ocho quilos y metro sesenta y cuatro. La carta de la señorita Simons se titula: Black Stocking Off-Beatnik. Y en ella afirma que está experimentando con el beatnik jazz, que siempre va con Hipsters y eggheads, como ella misma, con los que habla de filosofía. La señora Simons está cansada de eso y quiere convertirse en una chica digna de ser observada como las que aparecen en la revista. Louis Menand, en el número del uno de octubre del dos mil siete del The New Yorker, dedicaba un extenso reportaje a los beatniks, titulado: Drive, he wrote. Escribe algunas notas sobre On the Road, la biblia beat de Jack Kerouac: And the car is a place to be. Why? The obvious answer is that nothing happens in the car. (…) They are not hipsters, either, cats too cool for life in suits. (…) The car is also a male space. The women who end up beign driven in (never driven) the car are either shared by the guys or abandoned. Los editores de The Girl Watcher vieron el potencial erótico de la nueva corriente cultural y en lugar de dar cabida a textos, o incluso imágenes, acordes con la contracultura que estaba surgiendo en el momento, sexualizaron a las chicas que llevaban estética beat. Recuerdo cuando hace un par años Interviú sacó en portada a Jill Love y su cuerpo fue el soporte de decenas de consignas del 15M. Esta personaje se hizo famosa por mostrar los pechos en un momento de tensión entre unos manifestantes y la Policía Nacional desconcertando a unos y a otros. Que Isis nos proteja. Los sueños de la posmodernidad producen estúpidos. En los cincuenta no había ningún problema en sexualizar la estética beatnik, al fin y al cabo, se seguía defendiendo que la mujer siguiera en un rol de inferioridad intelectual frente al hombre, e incluso en otra carta publicada, Cora McCoy, de Ashville, imploraba: I wish some Girl Watching millionaire would rescue me. Quiero a un millonario que me rescate. Repite conmigo, Cora McCoy de Ashville: Quiero a un millonario que me rescate. No pasa nada en mostrar a mujeres como carne digna de ser rescatada, pero sí hay inconveniente en que un homosexual, llamado Allen Ginsberg, publique Howl. Le juzgaron un par de años antes, en el cincuenta y siete. No fue la primera ni la última vez que se juzga a una obra literaria o artística, por no hablar de la censura. Madame Bovary y Las Flores del mal, fueron juzgadas en 1857, al difunto maestro, Javier Krahe le juzgaron por la performance en video donde cocinaba un Cristo a la pimienta y unos anarquistas fueron encarcelados, y sometidos al mismo régimen de incomunicación penitenciaria que sufren los más peligrosos terroristas, por representar una obra de títeres con elementos de Federico García Lorca y Don Ramón María del Valle Inclán. A la derecha sigue sin gustarle Lorca o Valle Inclán. El motivo, la pancarta con el lema GORA ALKA ETA.

La primera canción en democracia censurada en España no estaba relacionada con el Rock Radikal Vasco ni con ninguna banda sospechosa de simpatizar con grupos extraparlamentarios, se trataba de Loquillo y sus trogloditas. El mismo que desde hace unos años saca discos-cadáveres exquisitos con Luís Alberto de Cuenca (Su nombre era el de todas las mujeres, 2011). El único poeta de derechas que merece mi más mínima atención, el resto tienen más de bufones que de escritores. Loquillo tuvo el honor de componer: “Ojos vendados” (Mientras respiremos, 1993), como cuenta David García Arístegui en el libro CT o la Cultura de la Transición (2012), en la que habla de torturas policiales. Las mujeres en On The Road no conducen, el coche como extensión de la polla, pollas rebeldes, pollas compartidas, pollas abandonadas. Según Norman Mailer (White Negro, 1957), los Hípsteres son los líderes de una generación que solían comportarse como negros, vestían como los negros, fumaban marihuana de vez en cuando y escuchaban jazz, rara vez había algún escritor entre ellos. Ahora se asocia con jóvenes de clase media-alta, urbanos, que viven en barrios inmersos en procesos de gentrificación y que comen comida orgánica. El posmodernismo llevado al absurdo. Es como si fueran el resultado de una mala digestión del beatnik, punk, grunge, y todos los movimientos contraculturales que surgieron después de la II Guerra Mundial en los Estados Unidos. Ignorando la pureza, algo tienen en común, la literatura, al menos la que me interesa, se hace desde la desesperación o la desidia. Dejemos a un lado la rabia.

 


 

III. Caracas

 

Según las últimas noticias, en Caracas acaba de ser detenido un jornalero andaluz por una agresión a un concejal socialista. La grabación de video que exculparía al detenido, en la que no hay indicios de tal agresión, no ha sido aceptada en el juicio como prueba. El jornalero Andrés Bódalo, lleva varias semanas preso y en el centro de la capital venezolana sus compañeros llevan dos semanas en huelga de hambre exigiendo su libertad. En otro orden de cosas, también en el país latinoamericano han imputado a un conocido actor por la representación de una obra de títeres cuya anterior representación terminó con los titiriteros culpables en prisión preventiva. El presidente Nicolás Maduro ha negado que se traten de encarcelamientos por motivos políticos. La situación social del país es crítica, desde comienzos de la crisis económica han sido desahuciadas más de cien mil familias y hay un alto porcentaje de suicidios relacionados directamente por este motivo. El Instituto Nacional de Estadística de Venezuela oculta las causas de los suicidios en sus informes para evitar un efecto llamada. Desde el exterior se pide que se respeten los derechos humanos. Voces críticas con el gobierno piden ayuda a distintos líderes políticos extranjeros para denunciar la situación por la que atraviesa su país.


 

IV. Dios salve a Federico Trillo

 

Torres entró en el ejército con diecinueve años, es gallego. Sus padres se dedicaron toda su vida a faenar en un barco que compraron como quien compra un camión o un caballo y que terminaron de pagar siendo aún él niño. Se le daba bien el fútbol, durante un tiempo le hubiera encantado jugar en el Celta o en el Real Madrid pero lo que tenía de capacidad física le faltaba de constancia y disciplina. Ni mucho menos cambió eso cuando se amarraba las botas, se colocaba el chaleco de veinte quilos o engrasaba el fusil. “Estuve a punto de fichar por el Celta, pero ya sabes… la patria tira más que el fútbol”. Por la patria estuvimos escoltando camiones de gasolina durante meses hasta la frontera con Kuwait. Éramos especialistas. Llegamos en febrero de dos mil tres y nos dieron ciento cincuenta balas y un arma con la que nunca habíamos disparado. Al principio hacíamos poco más que ruido, apenas dormimos y nuestra relación con la memoria comenzaba a ser, simplemente, casualidad. Despegamos de la base americana de Rota, aterrizamos cerca de la frontera y desde ahí pasamos a Iraq. En la base se comentaba que los mercenarios de Blackwater casi le vuelan la cabeza a uno del CNI que estaba en un café con un informante local. Hasta que no se aclaró todo, el agente recibió algunas hostias y añadió a sus sistema de valores nuevos motivos para desconfiar de quien va a la guerra a hacer dinero. Te han confundido con un moro malo, ¿no? Como para no hacerlo con esas pintas que llevas siempre, le decían otros oficiales riendo. Los suboficiales hacíamos como que no oíamos nada. Él respondía sonriendo y diciendo que sí, que era un moro malo. Un mes después la pareja de mercenarios que le detuvo, amaneció desnuda y borracha en una aldea hostil a quince quilómetros de Nayaf. Chicos de pueblo como todos nosotros. Quizás pensaron que ser de South Coapton, en Minnesota, en lugar de Sanlúcar de Barrameda o Cedeira te hace más apto para el combate, o mejor tirador, pero sólo demostraban que eran más estúpidos. Se libraron de la ira de los aldeanos pero casi fueron abatidos por una patrulla de Rangers, que los encontró en la carretera, desorientados y con el cuerpo lleno de polvo. No recordaban nada. También era casual su relación con la memoria. ¿Fuego amigo? Fuego estúpido. Federico Trillo envió unas directrices, sus propios mandamientos. El hijo de puta se lavaba las manos si en algún momento alguien cruzaba el límite, como finalmente ocurrió y cómo, también finalmente, hizo. Se lavaba las manos si surgía algo con lo que algún gilipollas de El Mundo, The Guardian o The Washington Post, quisiera promocionar su carrera personal. Quizás un video de tres minutos en los que se mostrara en realidad lo que es la guerra y cómo son, cómo somos, algunos de los que la hacemos. [3] El derecho a la autodefensa individual estará garantizado por medio del empleo de la mínima fuerza, que debe entenderse como aquella que, incluyendo la letal, se limita en su nivel y proporcionalidad, así como en su duración e intensidad. Ahora las campanas de la catedral suenan a Tchaikovski pero la voz de los altavoces de los minaretes de la mezquita se confundía con el ruido de los morteros. [6] El contingente se comportará desde el respeto y la consideración de las costumbres locales y, muy especialmente, de las de carácter religioso. Volvía a tratarse de civilización contra barbarie. Chaves Nogales sabía de la guerra y de la condición francesa: «La guerra es impotente ante la organización urbana. Es poco menos que imposible paralizar la vida de una gran ciudad, conseguir que dejen de circular sus tranvías, impedir que funcionen sus teatros y sus cines, hacer que se cierren sus mercados y sus bazares, que los guardias dejen de regular el tráfico y los carteros repartir las cartas. […] Las gentes, diez minutos después de haber salido de sus refugios, volvían indiferentes a sus ocupaciones, seguían haciendo como si tal cosa y aún sin enterarse siquiera, su vida normal». Hemingway sabía de la guerra y le escribió a Steinbeck: «Franquistas, nazis, fachas. No le veo salida a este siglo. Pero entonces entramos en París y los malditos franceses seguían ahí, sentados muy orondos en sus cafés, fumando sus cigarritos y comiendo baguettes». Ni Torres ni yo estuvimos en París, comimos baguettes o bebimos pernod. El siglo de Hemingway o Chaves Nogales comenzó de forma idéntica al nuestro, con una guerra contra la barbarie. El detonante no fue la invasión de Polonia sino el derribo de dos rascacielos y, la consecuencia, una bomba en un tren de cercanías. Federico Trillo existe porque Dios es grande, porque Dios es bueno y fue recompensado con una embajada en Londres con mayordomo, cóquer spaniel, un equipo completo de criquet y una solicitud de membresía al club Groucho del Soho. Federico Trillo tiene un hijo con una banda de música llamada Modo avión.

Los pijos también lloran. Sí, pero de risa.


 

V. Créditos

 

  1. Tendrían que haber dejado que los leones devorasen al suicida.
  2. No sé conducir. Tengo sentimientos encontrados con respecto al porno publicado en la costa oeste en los años cincuenta.
  3. El comandante Chávez me caía infinitamente mejor que Maduro.
  4. La cabeza de Torres tocaba la arena, el olor a sal y agua estancada de marisma se quedaba bajo nuestras narices y yo pensaba que iba a vomitar.
  5. Bill Murray.

 


 

Salvador J. Tamayo

Escritor. Adicto a los videojuegos shooters y las guitarras de los años 60. Escucho discos de punk y he publicado los libros: "Salitre" y "Wassalon".