Misery, Trotski y Éric Cantona

O cinco días nadando en comida chatarra con los dedos entumecidos llenos de mugre naranja, negra y otros colores extraños.

eric cantona

Con las piernas quebradas, clavado en una silla de ruedas, escribiendo una historia que aborrece pero que le mantiene con vida. El enésimo drama de Misery. Annie Wilkins conoció a Paul Sheldon después de que este sufriera un accidente al salir su coche de la carretera por culpa de la nieve. Annie Wilkins sabía de Paul Sheldon por sus novelas. Annie Wilkins estaba enamorada de Paul Sheldon. Stephen King escribió sobre Annie Wilkins, Paul Sheldon y los libros de Paul Sheldon en Misery mientras luchaba contra su adicción a las drogas. El libro del ochenta y siete y la película del noventa, de Rob Reiner.

Dostoievski escribió El jugador en veintiséis días mientras al mismo tiempo trabajaba en Crimen y Castigo, gracias a ello conoció a Anna Grigórievna Snítkina, su esposa. William Faulkner armó Mientras agonizo, con sus quince narradores, en seis semanas. Jack Kerouac vomitó On the Road en tres, el mismo tiempo que tardó Sir Arthur Conan Doyle con Estudio en Escarlata, la primera historia en la que aparece Sherlock Holmes. Yo mismo escribí Wassalon en ocho días después de pensar en la historia durante más de dos años y medio. Dormir es un lujo reservado a los ociosos. El tiempo de escritura no es proporcional a la calidad de la obra, ni mucho menos. Lo interesante es la celeridad, la necesidad, la diligencia. Pagar una deuda, vencer al olvido, matar un demonio o ganar un premio. Cualquiera de estas cosas, o todo a la vez.

Noir Papillon / Black Butterfly. Antonio Banderas hace el remake de la TV movie francesa del dos mil ocho con el anticapitalista y ex jugador Éric Cantona como escritor protagonista. Un escritor arruinado cuya vida es un auténtico desastre recoge a un autostopista y lo acoge en su casa, todo fluye con relativa normalidad hasta que el invitado retiene al protagonista y le obliga a escribir. Escribir. Algo verdadero. Estas en una trinchera y olvidaste el caso en la mesa de la cocina, esa que está llena de comida chatarra. Coges tu fusil recién engrasado y lo ensucias con tus manos llenas de restos de mugre naranja y otros colores aún más difíciles de explicar. Los dedos entumecidos. Como los tenía Sir Arthur Conan Doyle, Jack Kerouac, Dostoievski y mi querido William Faulkner antes de comenzar a escribir con el frenetismo de quien toma cocaína en el desayuno. Como hiciera Stephen King cuando escribió Misery. Los dedos entumecidos, como los tenía Éric Cantona antes de abrir Lessons of October de Trotski. Hace dos años conocí en Amberes a un uruguayo de sesenta y cinco años que decía haber cruzado los andes caminando a las once años y se jactaba de haberse fumado el equivalente a dos casas en cocaína. Asqueroso. No hay peor alienante. Quizás el fútbol y quizás también el trabajo. Odio el fútbol. De pequeño me gustaba el baloncesto, jugaba con mi padre y no teníamos dinero para comprarme unas Jordan. Tampoco es que me hicieran falta aunque ahora tenga tres y me encante el boxeo y odie a Floyd Mayweather, por tener los dedos entumecidos, haberme hecho perder todas las apuestas que he hecho durante años contra él y por no haber leído nunca a Trotski. Su Instagram no tiene nada que ver con Trotski, ni con Cantona, ni con William Faulkner.

Retienen a Antonio Banderas/ Éric Cantona en una casa, le encañonan con una escopeta y le hacen sentir. Miedo. Escribe. Tienes que escribir algo verdadero. La excusa en la recamara: No tengo dinero, estoy bloqueado, quiero acabar con el drama romántico y volver a hacer ficción seria, tengo que pagar una deuda, voy a perder todos los derechos de mis próximos seis libros si no cumplo el plazo, uso papel continuo porque no quiero perder tiempo en cambiar el rollo. Mi novela mide noventa coma cuatro metros. Shibboleth. Di la palabra y sálvate. Escoge la excusa, la mentira. Al menos ten la dignidad de que sea una bonita. Demasiado trabajo. Maldita Pereza.

Salvador J. Tamayo

Escritor. Adicto a los videojuegos shooters y las guitarras de los años 60. Escucho discos de punk y he publicado los libros: "Salitre" y "Wassalon".