Camus, Sísifo y su “Rolling Stone”.

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Artículo publicado en la revista Obituario, dedicado a Albert Camus. 


«De pronto le asaltó un pensamiento que lo sacudió incluso físicamente. El tenía cuarenta. El hombre enterrado bajo esa lápida, y que había sido su padre, era más joven que él».

El primer hombre.


Camus describió en El primer hombre el momento preciso en el que se encontró ante la tumba de su padre, caído en 1914 en la Gran Guerra. Brais Fernández escribió hace unos años, con motivo del aniversario del argelino-francés, lo siguiente: Camus condenaba “la violencia de los dos bandos”, así se sostenía el colonialismo francés mientras Camus, como buen liberal humanitario se preocupaba tan solo del sufrimiento de su “anciana madre” y se mostraba reacio a que Argelia fuera una nación independiente. Nos dejó obras literarias brillantes pero como filósofo era más bien mediocre. Su mirada siempre se centraba en la tragedia individual, nunca en las causas de las tragedias colectivas. Reconocer su talento no implica hacerlo de los nuestros: Camus iba camino de ser el Vargas Llosa francés. En fin, Sartre dogmático, Camus librepensador. Por esta y otras cuestiones se acusó a Camus de que su rebeldía era puramente estética, aunque yo no diría tanto. Camus es la excusa para abordar el compromiso del intelectual y la forma en la que se conjugan varias esferas: la pública y la privada, la individual y la colectiva. Hemingway, más pragmático, algunos años antes, dijo: El problema de un escritor no cambia, él mismo podrá cambiar, pero los problemas seguirán siendo los mismos. Y esto es como escribir verdaderamente y encontrar una experiencia que al ser escrita se convierta en parte de la experiencia política de los escritores (4 de junio de 1937, II Congreso escritores en el Carnegie Hall de New York). Camus entendió la literatura como un motor para describir el sentido de la existencia, la sensación de “extranjero” adherida al propio nombre y la exaltación del individuo frente a cualquier tipo de norma impuesta, a pesar de lo absurdo de sí mismo. El comienzo y el final de su ensayo, El mito de Sísifo:

Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. (…) Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

Este mito condensa gran parte del imaginario de Camus. Según la filosofía del absurdo, que la vida no tenga sentido aparente, no significa que no merezca la pena vivirla. El mito de Sísifo podría definir casi a la perfección la concepción el estado de la izquierda, desde que es izquierda. La cuestión que vemos en obras como El Extranjero, no es que describa ningún tipo de crisis de moral, es que el hombre, esclavo de su propia libertad, se ve condicionado y cuestionado de forma constante en cada decisión y acata su destino. Lo que puede parecer indiferencia o incluso resignación, en realidad me atrevo a decir que es el suicidio inducido del protagonista Mersault, sólo que en última instancia la mano ejecutora es el propio Estado: En nombre del pueblo francés, se me cortaría la cabeza en una plaza pública (cit. El Extranjero). El suicidio del que entiende vida y que, ante la insistencia de un capellán, llega a admitir, ver en “la otra vida”, ¡Una vida en la que pudiera recordar ésta! (cit. El Extranjero), el suicidio como solución de lo absurdo (cit. El mito de Sísifo). El contexto histórico y su trayectoria personal, hicieron entendible e incluso admirable el existencialismo del absurdo del que se vanagloriaba con mucha mejor prosa que Sartre aunque con un compromiso ligeramente distinto. Enrique Dussel habla en sus clases en la UNAM de lo inocente de los que exaltan la condición individual ya que hasta Robinson Crusoe tenía a Viernes. El concepto de “tribu” en última instancia se impone ante cualquier intento de gestionar la propia cotidianidad de forma individual, aunque fiel como soy a lo heterogéneo y a las contradicciones –más las propias que las ajenas-, es innegable exaltar la condición creadora del artista y su propia independencia, en esto Camus era un genio. Se puede poner la literatura la servicio de muchas cosas, pero en última instancia el escritor debe estar comprometido con su tiempo y eso es algo que nadie le podrá negar jamás. Tras la Segunda Guerra Mundial Europa aún estaba herida de fascismo, estalinismo y, los reductos de fanatismos religiosos, aunque fueran como mera construcción cultural, seguían presentes con fuerza. Por tanto, la manera “absurda” de entender la realidad se resumió en un ataque frontal contra las forma de dominación ideológica tradicionales; ante eso Camus se convirtió en una suerte de libertario. La literatura queda puesta y expuesta al servicio del hombre y para los hombres apartados de lo eterno, la existencia entera no es sino una imitación desmesurada de lo absurdo. La creación es la gran imitación (cit. El mito de Sísifo) y el escritor filósofo queda expuesto, desnudo, ante la incertidumbre del cadáver del padre, más joven que él mismo y termina rogando, para sentirse menor solo, que el día de su ejecución haya muchos espectadores y que le reciban con gritos de odio.


Salvador J. Tamayo

Escritor. Adicto a los videojuegos shooters y las guitarras de los años 60. Escucho discos de punk y he publicado los libros: "Salitre" y "Wassalon".